¡Cuando la lluvia y el sol se alinean, hasta la sandía pesa más que la devoción!
En Elsy Bar, ese rincón que huele a sal, Oración y tierra fértil, apareció una cosecha que da ganas de cantar. El agricultor raizal Keneth Manuel Cubillos se vio sorprendido por una huerta repleta de sandías gigantes —unas de más de 20 libras— y todas jugosas como esas carcajadas que salen después de una buena historia. El despliegue de patillas estaba en la Tienda Aeisner, justo después de la Iglesia Bautista, como quien dice: “Aquí lo divino y lo sabroso se encuentran en el mismo pasillo”.
“Dios ha sido fiel… y el aguacero también”
¿Y cómo llegó el hombre a tanto fruto? Keneth lo dice fino: “Dios ha sido fiel. No ha faltado la lluvia, ni el sol, ni la gracia”. Esas palabras llevan sabor y sentimiento: una invitación a que todos se lleven una sandía, sí, pero también una porción de gratitud. Ese ejemplo es más que agricultura; es milagro con sudor de raíz.
Comprar local con vibra y fe
Así que ya sabe: cuando vea esas sandías bien trapeadas y brillantes, no piense en importadas ni en ofertas de temporada. Compre las de Keneth, que ahí hay tierra, fe y comunidad en cada bocado. En tiempos en que parece que todo sube de precio menos el sabor auténtico, esta cosecha dice que el campo aún da vida —si se cultiva con corazón y mano de gente del barrio.