Lo que antes era un bastión de la verdad y la ética periodística, con medios tradicionales como periódicos y revistas que se adherían a códigos de veracidad, ahora se ha fusionado con el mundo online. Portales web que simulan ser fuentes serias de noticias proliferan en la red, pero muchos de ellos se dedican no a informar, sino a destruir reputaciones. Este fenómeno se ha convertido en un lucrativo negocio en Colombia, donde la extorsión a través de artículos falsos, publicaciones en redes sociales y links maliciosos genera millones de pesos semanalmente.
Según reportes, extorsionadores utilizan redes sociales para difamar a víctimas, publicando información falsa que daña su imagen personal o profesional. 0 Estos portales, a menudo sin direcciones físicas, teléfonos o periodistas identificables, operan con información de dueños falsa, lo que complica cualquier intento de corrección o remoción. Una vez publicado el contenido difamatorio, las víctimas se ven obligadas a pagar para que se elimine el material, o contratar compañías especializadas en gestión de reputación online, que a veces forman parte del mismo ecosistema de extorsión. En Colombia, este problema se agrava con plataformas de préstamos informales (“gota a gota” digital) que amenazan con difamación en redes si no se paga, afectando a miles de personas.
La legislación colombiana aborda parcialmente estos abusos. El Código Penal, en sus artículos 220, 221 y 222, establece penas de prisión de uno a tres años y multas de hasta 1000 salarios mínimos por injuria y calumnia. 1 Además, la Corte Constitucional ha protegido el derecho al buen nombre y la honra, reconociendo que la difusión de información falsa causa daños irreparables. 11 Sin embargo, las leyes no son lo suficientemente estrictas para obligar a estos portales anónimos a rectificar o eliminar contenido. Las víctimas deben recurrir a denuncias ante la Fiscalía, pero el proceso es lento y costoso, involucrando abogados que, en algunos casos, colaboran con las redes de extorsión.
Este “negocio” no solo afecta a individuos, sino a familias enteras. Una noticia falsa que asocia a alguien con un crimen puede llevar al cierre de cuentas bancarias, bullying a los hijos (conocido como “mateo” en el argot colombiano), y la destrucción de empresas. Columnistas reconocidos, muchos viviendo en el extranjero, publican opiniones sesgadas los fines de semana, pagados para dañar reputaciones específicas. 39 Redes sociales como X (Twitter) amplifican estos contenidos, convirtiéndolos en una “pandemia” que se propaga rápidamente.
Google y otras plataformas tienen la capacidad de “banear” estos sitios, similar a cómo se cierran negocios fraudulentos, sin necesidad de procesos judiciales extensos. Recomendaciones internacionales, como la Declaración Conjunta sobre Libertad de Expresión y “Noticias Falsas” de 2017, enfatizan la necesidad de combatir la desinformación sin coartar la libertad de expresión. 12 En Colombia, urge una legislación actualizada que obligue a la transparencia en los medios digitales y cree compañías éticas para la corrección de daños, no para extorsionar. Hasta entonces, esta enfermedad digital seguirá perjudicando a la sociedad, priorizando el lucro sobre la verdad.
Artículo escrito por @zozyalco Carlos Escobar, periodista digital.



