Lo que ocurre hoy en el sistema de salud colombiano no es solo una crisis administrativa; es un espectáculo de canibalismo político donde la mano derecha del Gobierno no sabe —o no quiere saber— qué hace la izquierda. El episodio más reciente entre el Ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, y el recién nombrado interventor de la Nueva EPS, Jorge Iván Ospina, es la radiografía perfecta de un barco que no solo va a la deriva, sino que está siendo saboteado por sus propios capitanes.
El Desprecio por la Verdad Técnica
El Ministro Jaramillo ha vuelto a demostrar que en este Gobierno la lealtad se premia con el nombramiento, pero la honestidad se castiga con el escarnio. Al descalificar a Ospina —un hombre de la entera confianza del presidente Petro— por el simple hecho de admitir una verdad que el sector salud grita a voces, Jaramillo ha cruzado una línea peligrosa.
“¿Qué sabe el doctor Ospina? No tiene ni idea”, espetó el Ministro.
Esta frase es una bofetada no solo para Ospina, sino para la lógica financiera del sistema. Lo que el interventor señaló es un hecho demográfico y económico innegable:
Envejecimiento poblacional: Una pirámide invertida demanda más recursos para enfermedades crónicas.
Insuficiencia de la UPC: La Unidad de Pago por Capitación no está alcanzando para cubrir la siniestralidad actual.
Negar esto no es “defender lo técnico”, como pretende Jaramillo; es negar la realidad para no admitir que el modelo de intervención estatal está naciendo desfinanciado.
La Paradoja de Petro: Nombrar para Desautorizar
Resulta inaudito que el Presidente Petro nombre a Jorge Iván Ospina —figura polémica pero aliada incondicional— para salvar la joya de la corona, la Nueva EPS, y que su propio Ministro de Salud lo reciba con un ataque público.
Esta falta de cohesión interna revela tres verdades alarmantes sobre la gestión actual:
La improvisación es la norma: Se nombra a dedo por afinidad política, pero se ataca al funcionario cuando este se choca con la realidad operativa de las entidades.
El silencio como requisito: Para el Ministerio de Salud, un interventor no debe gestionar ni diagnosticar, debe obedecer y callar.
La soberbia de Jaramillo: Al afirmar que solo “sus equipos técnicos” pueden hablar de la UPC, el Ministro invalida la experiencia de quienes están en el terreno sufriendo la falta de flujo de caja.
Un Ataque a la Estabilidad del Sistema
Atacar al interventor de la EPS más grande del país antes de que cumpla su primera semana en el cargo es un mensaje devastador para los usuarios. Si el Ministro y el Interventor no pueden ponerse de acuerdo en si la plata alcanza o no, ¿quién garantiza que habrá medicamentos para el paciente oncológico o citas para el hipertenso?
El Gobierno Petro está jugando a la ruleta rusa con la vida de millones, priorizando el ego ministerial y la narrativa ideológica sobre la suficiencia financiera. Mientras Jaramillo se dedica a humillar a sus propios funcionarios en radio nacional, el sistema de salud se desangra.
Colombia no necesita ministros que “pongan en su sitio” a los interventores; necesita un liderazgo que entienda que la salud no se gestiona con soberbia, sino con recursos, planeación y respeto por la realidad técnica. Lo de Jaramillo y Ospina no es una anécdota, es la prueba reina de que este Gobierno está incendiando la casa mientras discute por quién sostiene la manguera.



