Impacto en la salud y el bienestar
El exceso de volumen afecta el descanso de niñas, niños, personas mayores, pacientes en recuperación y trabajadores con turnos nocturnos. También estresa a los animales de compañía y deteriora el ambiente sonoro del barrio.
Convivencia y respeto mutuo
La alegría decembrina se disfruta más cuando no invade la tranquilidad ajena. Cuidar el ruido es un acto de empatía y de corresponsabilidad ciudadana en nuestra isla.
Cómo celebrar sin perturbar
En casa y reuniones familiares
• Mantén la música en volumen moderado y cierra puertas/ventanas para contener el sonido.
• Acuerda con tus vecinos horarios y una hora de cierre antes de la fiesta.
• Evita la pólvora: pone en riesgo la salud y multiplica el ruido innecesario.
En comercios y eventos
• Calibra equipos de sonido y usa barreras acústicas cuando sea posible.
• Difunde mensajes de “volumen responsable” y respeta límites horarios.
• Diseña la logística pensando en el vecindario (accesos, filas, dispersión ordenada).
En la vía pública
• Evita pitar sin necesidad, caravanas ruidosas y aceleraciones bruscas.
• Prioriza desplazamientos seguros y silenciosos, especialmente en horas de descanso.
Pactos vecinales y diálogo oportuno
Acuerdos simples que funcionan
Promueve pactos barriales de temporada: reglas claras sobre horarios, volumen y cuidado del espacio público. Colócalas en lugares visibles para residentes y visitantes.
Conversar antes que confrontar
Si surge una molestia, apuesta por un diálogo sereno. La comunicación directa y respetuosa suele resolver más rápido que la queja airada.
El espíritu de las fiestas
Cuidar el entorno sonoro no es apagar la celebración, es afinarla para que todas y todos la disfruten. Que las risas, los villancicos y los buenos deseos sean protagonistas… sin excesos.
Menos ruido, más convivencia
Vivamos unas fiestas con paz, salud y respeto por la tranquilidad del vecindario. ¡Feliz Navidad, San Andrés!



