Después de tres años mirando el manglar como quien estudia a un cangrejo sin caparazón, el proyecto ‘MangRes’ ya dejó el diagnóstico listo y ahora se va pa’ lo serio: restaurar esos ecosistemas con el conocimiento ancestral isleño, pero con el empujón científico de Bélgica, la Unesco y una tanda de expertos que saben lo que hacen.
El combo liderado por la Fundación Providence y Coralina no vino a pasear. Ya tienen trazado lo que se hará en zonas como Dorna Pond, Cove Seaside y Smith Channel en San Andrés, y en Santa Catalina, Jones Point y Manchineel Bay en Providencia. ¡Eso va a quedar como nuevo, mi broder!
Diagnóstico con lupa y machete
Lilia Ward Bowie, la que coordina la vuelta, explicó que antes de meterle mano al barro, hay que saber cómo fluye el agua, si hay tapones, basura o algo que impida el crecimiento del manglar. Así que esta “fase de transición” va con microtopografía, líneas base y todo el arsenal técnico para no errar en el tiro.
Y para que no digan que solo se quedan en PowerPoint, hasta una pelada de Bélgica vino a aprender con los isleños pa’ su tesis. ¡Eso sí es intercambio, no como los que vienen en crucero y solo compran chancletas!
Restauración sin regar semilla al aire
Aquí no se trata de sembrar por sembrar. El plan es dejar el terreno listo pa’ que el manglar se desarrolle solito, como cuando uno le echa cariño a la huerta y ella da fruto sin mucho aspaviento. La meta es clara: restaurar 25,95 hectáreas en San Andrés y 8,52 ha en Providencia.
Y lo mejor: no hay enredo entre entidades. Cada quien en su zona, sin pisarse las mangueras. ¡Por fin nos pusimos de acuerdo, mi gente!
Porque el manglar no es solo paisaje, es vida, es comida, es cultura. Y ahora, gracias al saber raizal y la ciencia del norte, está a punto de florecer como en los mejores tiempos.



