Un sello mundial de calidad ambiental y turística
El Parque Regional Johnny Cay volvió a izar la bandera Blue Flag, una certificación internacional que distingue a las mejores playas del planeta por parámetros como calidad del agua, limpieza, servicios al visitante y trabajo con la comunidad. El reconocimiento —otorgado en Colombia por la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Acodal)— confirma, por séptimo año consecutivo, el desempeño del destino en sostenibilidad y gestión responsable del turismo. A escala global, solo “poco más de 5 mil” sitios poseen este galardón, lo que eleva el listón para el territorio insular.
Competitividad para el Archipiélago
La noticia se dio a conocer en la sede de CORALINA, resaltando a quienes sostienen diariamente los estándares de la playa. Vocerías del programa en la isla subrayaron que la distinción impulsa la competitividad de San Andrés y la posiciona en la misma mesa de destinos caribeños con exigentes parámetros internacionales. CORALINA, por su parte, informó que trabaja con aliados —como la Cooperación Italiana y el BID— para asegurar nuevas inversiones que consoliden las capacidades locales y permitan reforzar los puntos donde aún hay desafíos.
Mantener la vara alta: el reto anual
Blue Flag se revalida año a año; no es un logro permanente. Por ello, autoridades y actores del sector insisten en la constancia operativa y en el mejoramiento continuo para preservar la categoría. En paralelo, Acodal anticipó que se está gestando una propuesta para postular a la playa de Spratt Bight a esta misma distinción, lo que ampliaría el mapa de playas certificadas en el Archipiélago y multiplicaría los beneficios reputacionales y económicos de la etiqueta ambiental.
¿Por qué importa?
Además del prestigio, el sello Blue Flag funciona como una guía práctica de gestión: obliga a medir, corregir y comunicar resultados en materia de agua, residuos, seguridad y educación ambiental. Para los residentes, significa servicios mejor organizados y una playa más limpia; para los visitantes, una experiencia confiable y de alto estándar; y para el destino, una narrativa internacional que atrae turismo responsable y promueve una economía más alineada con la conservación.
Con Johnny Cay nuevamente certificado, el Archipiélago reafirma que su riqueza natural puede y debe administrarse con rigor. El desafío ahora es doble: sostener el nivel logrado y convertirlo en palanca para que otras playas del departamento sigan el mismo camino.



