La más reciente jornada de Da Pitia Taim tuvo una parada especial en el Banco de la República, donde se realizó una muestra de cine queer acompañada de un conversatorio lleno de memoria, diversidad y orgullo isleño. Fue un espacio pensado para hablar de ser, pertenecer y narrarnos desde el Caribe insular.
Historias que hablan desde los bordes
La programación reunió piezas que abordaron identidad, género, raza y territorio desde miradas diversas.
Goloto, de Abdulwasiu Salimat, invitó a reflexionar sobre el coraje de ser auténtico en contextos donde el silencio ha sido la norma.
Danza de las luciérnagas, de Eleggua Luna Laverde, llevó al público por una narrativa poética en la que la ternura aparece como forma de libertad.
Canalete, de Jannier Hurtado, rindió homenaje a las comunidades afro del Caribe y su resistencia cotidiana.
El cierre estuvo a cargo de Because I Know How Beautiful My Being Is, de la directora y productora raizal Ana María Jessie Serna, una obra que exalta la belleza, dignidad y poder del ser diverso desde el Caribe insular.
Un conversatorio para mirarnos de frente
Después de las proyecciones, el público participó en un diálogo abierto sobre representación y memoria. Se habló de lo importante que es ver en pantalla rostros, acentos, cuerpos y experiencias que también hacen parte del archipiélago. Para varios asistentes fue significativo encontrarse con una producción hecha por una mujer raizal queer que se narra desde su propia voz.
Cine que cuida y que nombra
La jornada dejó claro que Da Pitia Taim no es solo una muestra de cine, sino un acto cultural y político: protege la diversidad, amplía el archivo audiovisual isleño y crea un espacio seguro para hablar de identidad sin miedo.
San Andrés sigue demostrando que su cultura está viva, se reinventa y también se cuenta desde las cámaras.



