Saberes isleños que no caben en papel
¡Yo, mi gente raíz del Archipiélago! Resulta que unas compatriotas y compatriotas del campo están en plan serio con una alianza entre Raizal Youth y Fundación Yunka Wasi, con plata de cooperación internacional (sí, esa que viene de afuera pa’ que aquí se valore lo nuestro). Ya van por la tercera sesión de su diplomado campesino, donde hacen una vaina más importante que criticar el brisón: aprender cómo cultivar sin dañar la isla.
Del abono al diálogo comunitario
En estas sesiones no se queman los sabores del campo: se enseña sobre abonos biodigestores y otros inventos orgánicos que hacen que la cosecha rinda más y la tierra respire. También armamos charlas sobre plantas medicinales, con metodologías de “aprender haciendo” que arrancan ideas bien raíz. Todo eso pa’ que las comunidades monten áreas ambientales comunitarias, donde decidan qué se cuida y qué no, sin que el turismo o los proyectos de vivienda les ordenen.
De los apuntes al certificado: dignidad isleña demás
Lo chévere es que esto no se queda en conversa: al final dan un título para quienes cumplieron. Pa’ ponerlo bonito: certificados como reconocimiento a ese recorrido que revive tradiciones y fortalece saberes. Sergio Rojas, de Yunka Wasi, destacó la resiliencia del campesinado isleño frente a la falta de agua y la reducción de tierras cultivables, mostrando que vivir en isla es estar siempre alerta y sobreviviendo al caos con sabor raizal.
Y ahí quedó claro lo que dice Lilien Mclaughlin, una agricultora raizal de pura cepa: que las mujeres llevan la voz bien puesta en el campo, y que “nosotras somos las mejores” para mantener viva la tradición y alimentar comunidades completas.
Este diplomado sube la vara: le devuelve a la gente del agro su dignidad, aprende de varias generaciones y abre camino pa’ que los jóvenes tomen la posta sin perder su identidad. Lo demás, mi llave, queda en manos del viento salado y de quien quiera escuchar lo que trae la tierra del Archipiélago.



